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El tiempo no ha hecho más que consolidar La Bella y la Bestia (2017) como una de las películas clásicas de Disney, por lo que era lógico que el estudio no tardara en llevar a cabo su remake en acción real. Al éxito de sus películas animadas y las de las marcas que conviven bajo su techo (Marvel, Star Wars, Pixar) se suman las recientes relecturas en carne y hueso. Después de que los primeros remakes (Alicia en el País de las Maravillas y Maléfica) fueran más bien reinvenciones libres de sus respectivos clásicos animados, Disney ha seguido el camino de la adaptación más fiel con sus siguientes éxitos live-action: Cenicienta y El Libro de la Selva, a los que se suma ahora La Bella y la Bestia, el remake más parecido al original hasta la fecha.

Lo cierto es que la película de animación de 1991 es una de las mejores películas de animación de todos los tiempos. Así pues, el simple hecho de plantearse realizar una remasterización conllevaba asumir un riesgo enorme porque es prácticamente imposible mejorar el material de base que cuenta con una legión de fans.

El CGI es la base de la remasterización

Según el director Bill Condon: «Gran parte [de la película] tuvo que ser imaginada. Por ejemplo, el número ‘Qué festín’, el cual tardamos un mes en rodar, medio año en planear y un año en completar. Pero eso es un número, excepto Emma, nadie está ahí realmente. Primero fue creado por ordenador y después [el equipo de efectos visuales] lo hicieron realidad. Pero sí, fue algo real que nunca había experimentado antes«, explica.

En general, el diseño de los personajes, sus vestimentas y su forma de moverse y hablar es adecuado pero menos caricaturesco y rico en matices, a excepción de la Sra. Potts, Chip y del perrito-reposapiés, que siguen siendo tan entrañables como siempre a pesar de su reinvención.

El realismo del rostro de Dan Stevens (la Bestia) es impresionante, pero se mueve de forma un poco artificial y le falta ferocidad. La gran expresividad de Stevens asoma bajo las capas de CGI de la Bestia, construyendo así al personaje más matizado de la película y aportando humanidad igual que los actores de cuerpo presente.

También es interesante el caso de Lumière (Ewan McGregor), es uno de los pocos objetos domésticos que puede mover sus brazos, piernas y manos, así que los realizadores de la película querían que todas estas acciones tuvieron los rasgos de McGregor. Para conseguirlo, se filmó al actor bailando y moviéndose tal como él imaginaba al personaje y se capturaron sus movimientos en motion caption.

La recreación es digna de asombro la mayor parte del tiempo (dirección artística, vestuario, peluquería, todo es excelente) y es evidente que Disney no ha escatimado en recursos, resultando un espectáculo solemne y efervescente confeccionado para reventar la taquilla. Es básicamente la misma película, el mismo “cuento tan viejo como el tiempo” llevado a la tecnología digital, los efectos visuales y el 3D con los que trabajamos en la actualidad.

Esta versión en imagen real del clásico animado de Disney, llegará a nuestras pantallas este viernes 17 de marzo.