was successfully added to your cart.

“Cuando los proyectos no llegan a ti, tienes que crearlos”

Miguel Arjona es guionista, realizador, profesor de cine y colaborador de FX ANIMATION Barcelona 3D & Film School. Después de estudiar una carrera universitaria que no tiene nada que ver con el mundo del arte, enfermería, decidió adentrarse en el séptimo arte y estudiar cine. Quizás por ello, es un gran amante del cine de David Cronenberg, el director que supo unir magistralmente los misterios del cuerpo humano y el terror en la misma pantalla. Después de escribir y dirigir varios cortos en 2005, Miguel tuvo la oportunidad de ser director de Estudiodecine, un cargo que ha ocupado durante diez años. Desde entonces, compagina su trabajo en el mundo de la docencia con la producción de varios Miguel_Arjona_oklargometrajes (Párking, La Manada), la escritura de guiones y la realización de cortometrajes y videoclips.

Sus conocimientos en el mundo del cine son tan amplios como sus debilidades cinéfilas. Para muestra, un bótón: es tan fan de las películas que protagoniza Silvestre Stallone como de las proezas surrealistas de Buñuel. Y si te acercas por el Phenomena, seguro que te lo encuentras, pues Miguel ha encontrado en la Sala de Nacho Cerdà su segunda casa. A continuación, nos descubre algunas de sus filias y nos analiza una película de culto reciente, tan hipnótica como sorprendente: “Mandarinas” (Zaza Urushadze, 2013), el film que presenta hoy en Sala Montjuïc.

¿Cuándo y por qué empezaste a interesarte por el cine?

Desde muy pequeño mi tía me llevaba a ver maratones de películas en el Capri, el cine de mi pueblo, en el Prat de Llobregat. Recuerdo que en una ocasión me regalaron una entrada para ver al grupo Parchís en directo y me negaba a ir. Yo quería verlos en el cine, en pantalla grande. Trataban de convencerme de que era mejor verlos en concierto y, aunque finalmente cedí, yo sabía que no era lo mismo.

¿Cuál ha sido tu recorrido profesional en el mundo audiovisual?

Tras finalizar mis estudios, escribí varios guiones de cortos y rodé alguno con amigos y compañeros de clase, a la vez que seguía trabajando en cosas que no tenían nada que ver con el cine. Pero en poco tiempo llegó la oportunidad de dirigir Estudiodecine, y a partir de ahí, todo mi trabajo ha estado vinculado de una manera u otra a la escuela sobre todo como productor. Como realizador, he hecho varios cortos, spots, videoclips y también trabajos como ayudante de dirección.

¿Qué trabajos destacarías de tu carrera profesional?

Estoy muy contento con los largometrajes que he producido a través de la escuela y que han tenido a alumnos como protagonistas. Se realizaron en condiciones difíciles y siempre bajo el prisma docente, pero demuestran que se puede hacer cine de maneras diferentes siempre que cuentes una buena historia. Me quedo con Parking, filmado en cuatro semanas con la colaboración del cineasta Roger Gual, la cual tuvo muy buena acogida en festivales. También me quedo con Russian Red, no obtuvo mucha repercusión en festivales pero creo que es una obra muy consistente y madura. Ahora sobre todo me estoy dedicando a escribir y seguiré en la docencia.

¿Quiénes son tus “yodas” en el mundo de la dirección cinematográfica?

Hay muchos directores que me gustan y que admiro, pero si he de elegir algunos nombres me quedo con Alfred Hitchcock, David Cronnenberg, Michelangelo Antonioni, Sam Peckinpah y Luis Buñuel.

Cuéntanos cómo fue la experiencia dirigiendo tu corto “El Vestido”, recientemente proyectado en el Cinefórum de El Prat de Llobregat.

Fue una experiencia fantástica en la que aprendí mucho. Tuve la suerte de trabajar junto a gente que se dedica profesionalmente y a la vez son amigos y colaboradores en mi escuela, por lo que aprendí mucho de ellos. Fue un rodaje que se organizó muy rápido y duró solo dos días. Todo estuvo en constante movimiento: se quitaban secuencias del guion, había cambios en el plan de rodaje… Aprendí que hay que estar atento y saber ver las cosas que no funcionan y buscar soluciones. El guion es importante pero no siempre es definitivo.

Y tras “El Vestido” viene…

Ahora estoy escribiendo varios guiones de largometrajes, un thriller un tanto peculiar para Toni Comas, un realizador que reside en Nueva York. También tengo entre manos una adaptación de un libro y, por último, un guion más personal. Estos dos últimos proyectos los estoy trabajando junto al guionista Enric Rufas. Por otra parte, en octubre tengo pensado rodar otro corto.

¿Qué destacarías a rasgos generales de Mandarinas?

Mandarinas es una película muy interesante, tiene ese ritmo y ese aire duro y a la vez intimista de las películas del Este. Me gusta como es capaz de mantener el interés, a pesar de que todo suceda prácticamente en un solo espacio. Para mí, lo mejor es su dirección de actores.

¿Se puede hablar de “cine de la Europa del Este”? ¿Cómo lo definirías?

Las películas que están llegando desde los países del Este están muy marcadas por la situación político-cultural que están viviendo. Su mirada, temáticas e incluso la puesta en escena de sus países respiran los cambios y las transformaciones que ha sufrido en forma de guerras, crisis, etc…

Relátanos, brevemente, tu experiencia en estos diez años como director de Estudiodecine.

Ha sido una experiencia fantástica. La docencia es algo que me encanta y poder plantearla de la manera que a mí gusta ha sido gratificante. He tenido la oportunidad de trabajar con gente que admiraba y con gente con la que he aprendido mucho. Y, por supuesto, el contacto con los alumnos: es bonito ver cómo crecen y sobre todo ver que tras los años sigan trabajando y con proyectos.

¿Qué crees puede aportar la escuela a la industria del cine y la televisión?

El objetivo es aportar a la industria profesionales altamente cualificados, capaces de trabajar en puestos concretos de una producción como profesionales que puedan levantar proyectos y llevarlos a cabo ellos mismos, lo que denominaríamos un filmmaker. Cuando los proyectos no llegan a ti, tienes que crearlos y despertar el interés de las productoras por ellos. También hay que concienciar al alumno de que sus opciones de trabajo están en cualquier parte del mundo.

Top